Auge y caída de la cosmética rosa
‘Glossy’ habla de las ambiciones y espejismos de una generación atrapada en sus ideales de consumo


En el goloso y resbaladizo universo de la industria cosmética y de las llamadas (categoría en la que me incluyo) beauty freaks, la historia de la marca estadounidense Glossier merece un capítulo aparte. Un año después de su publicación, la edición de bolsillo de Glossy: Ambición, belleza y la intrahistoria de Emily Weiss, de la reportera Marisa Meltzer, luce entre los libros destacados de la renovada McNally Jackson, en el Soho de Nueva York, muy cerca de la primera tienda de Glossier, una marca que, fundada hace ahora una década, convirtió el color rosa en bandera, y un simple tubo de vaselina para los labios en un juguetón objeto de deseo.