Belén Cortés: esconder la precariedad bajo el paraguas de la vocación
Los lectores escriben sobre el asesinato de la trabajadora social en Badajoz, los bombardeos israelíes en Gaza, el alto al fuego en Ucrania, y el rechazo del PP al reparto de menores

Belén Cortés, asesinada en un piso tutelado de Badajoz, tenía vocación y por eso nadie pensó que su salario era miserable; tampoco ninguna administración intuyó que carecía de las medidas básicas de seguridad en un entorno hostil. Quizá, porque la vocación se considera suficiente. El que posee este bien preciado obtiene el premio de trabajar en un ámbito donde todo vale. La trampa de la vocación no solo la padece el sector educativo, sino también el sanitario, donde los MIR soportan gran parte del peso de la atención hospitalaria durante cuatro o cinco años, todo ello con la contrapartida de una remuneración mínima que les obliga a realizar numerosas guardias para poder emanciparse. Educadores y sanitarios, no os animo a que renunciéis a la vocación que os ha llevado a dedicar vuestra vida a mejorar la de los demás, pero sí os aconsejo que la viváis con discreción. Solo las personas de más confianza deben saber que trabajáis por vocación. El resto, que os valore y respete como a cualquier otro profesional.