El movimiento de resistencia de Myanmar declara un alto el fuego parcial tras la devastación del terremoto, que suma más de 1.600 muertos
Ascienden a 17 las víctimas en Bangkok tras el seísmo. La mayoría eran obreros que trabajaban en la edificación del rascacielos que se derrumbó en segundos

La guerra civil en Myanmar sigue su curso, pese a la devastación que ha dejado en el país el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el viernes el sudeste asiático. El Gobierno de Unidad Nacional (NUG, formado por políticos y activistas prodemocráticos contrarios a la junta militar en el poder) afirma que el Tatmadaw (el Ejército) ha reanudado los bombardeos contra algunos pueblos en manos de milicias opositoras. Por eso, ha solicitado a las autoridades castrenses iniciar hoy un alto el fuego de dos semanas en las áreas afectadas por el potente temblor. El seísmo es el desastre natural más mortífero que ha azotado a la antigua Birmania en un siglo. A la espera de que se actualicen las cifras oficiales este domingo, el balance de momento asciende a al menos 1.644 fallecidos, 3.408 heridos y 139 desaparecidos.