Europa frente a la fuerza bruta
La Unión se esta jugando su autoridad ahora que le toca defender el proyecto democrático que se fue construyendo tras la Segunda Guerra Mundial y del que Trump se ha desentendido

Antes de que se produjera la marcha sobre Roma, Mussolini le comentó a un camarada fascista: “Si en Italia hubiera hoy un Gobierno que mereciera tal nombre, sin ninguna demora mandaría a sus agentes y carabinieri a sellar y ocupar nuestras sedes”. No ocurrió tal cosa, y aquel ejército privado que se había montado y armado fuera del Estado pudo seguir adelante con sus planes hasta alcanzar sus objetivos. Juan J. Linz escribió La quiebra de las democracias (Alianza) en los primeros años setenta, quería saber lo que ocurre para que sucumba esa forma de gobierno —que se sostiene en la competencia libre y no violenta entre partidos diferentes para acceder al poder— ante la fuerza bruta de una maquinaria dominada por un líder. “Una autoridad que no está dispuesta o es incapaz de utilizar la fuerza cuando se ve amenazada por la fuerza”, escribió allí, “pierde el derecho a exigir la obediencia incluso de aquellos no predispuestos a ponerla en duda”. Lo que Linz señala es que ante una coerción como la de las escuadras fascistas, por volver al caso italiano, a las democracias no les queda otro recurso que recurrir también a la coerción. Si no lo hacen, lo primero que pierden es la autoridad.