Freud: el arte de conversar
Jonathan Lear defiende en un libro brillante y ágil las teorías del neurólogo austriaco, que inventó un diálogo que puede cambiar la estructura del alma

A los chamanes del Amazonas se les llama tabaqueros porque ingieren grandes cantidades de tabaco hervido. De este modo se hacen un cuerpo de tabaco, creando flemas en su estómago que tienen un poder curativo. El chamán o curandero está autorizado a soplar humo sobre sus pacientes para equilibrar su cuerpo energético. Si no se domina, el espíritu del tabaco llega a poseer a quien lo consume y lo convierte en hechicero. Algo parecido le pasó a Sigmund Freud. Cuando en 1893 intenta dejar de fumar, ya ha aprendido los rudimentos del hipnotismo de Jean-Martin Charcot y está inmerso en los estudios sobre la histeria. Abandona el empeño a las siete semanas. Los puros le permiten trabajar y ser dueño de su humor. “Sin ellos la vida es insoportable”.