La economía en Cabo Verde quiere ser azul
La reina Letizia ve “admirable e imprescindible” la labor de los cooperantes

Cabo Verde, un país árido, con muy poca superficie cultivable y altamente dependiente del turismo y las remesas de la diáspora ―un millón de personas concentrada fundamentalmente en Estados Unidos y Portugal―, está iniciando un proceso de transformación en su economía para empezar a aprovechar lo que sí tiene y que se ve desde casi cualquier punto del país: el mar.
Una puesta de sol a ritmo de ‘batuk’
El sol cae en Cabo Verde, las gallinas caminan por los tejados de las coloridas casas de Porto Mosquito mientras una pequeña piara de cerdos mordisquea la colada de una vecina de esta comunidad de unos 800 habitantes en el sur de la isla caboverdiana de Santiago. “La Reina vino por primera vez a un puerto pesquero, Puerto Mosquito. Bienvenida, muchas gracias, reina Letizia”, cantaba en criollo el grupo de mujeres que recibió en la tarde del martes con una batucada, palmas y bailes locales a la reina Letizia en este pueblecito en el que termina una carretera que serpentea junto a la costa antes de que se erija el imponente Monte Angra y el Parque Natural Baia do inferno.
De la mano de la Aecid y de agencias de Naciones Unidas, como Unicef, la visita de la reina Letizia ha inaugurado un proyecto pionero para disminuir las desigualdades en el que España ha invertido 700.000 euros y tendrá una duración de tres años. La novedad reside en que es la propia comunidad la que identifica sus vulnerabilidades e intenta subsanarlas de una manera integrada. De esta forma, son los vecinos los que marcan “sus propias expectativas”, dice la Aecid. “Con este proyecto se busca una mayor cohesión social”, explica Taïs González, responsable de programas de la Aecid en Cabo Verde, y desarrollar un turismo vinculado al mar. Pero sobre todo que los jóvenes no se vayan.
Y para eso, Emiliana Gomez Varela, concejal de Asuntos Sociales, ve en el turismo un filón. Y eso estará integrado en el proyecto: mientras los hombres faenan en el mar y llevan el pescado a la playa, la idea es que algunas mujeres cocinen y puedan aportar cierto servicio a un turismo que es una pata fundamental en la economía caboverdiana —que representa el 25% del PIB del archipiélado africano, según el Banco Mundial—, pero aún muy residual en esta remota zona de la isla de Santiago, la más grande del país.