La población de Myanmar afronta la devastación del terremoto, con al menos 1.700 muertos, en medio de la guerra civil
El movimiento de resistencia birmano declara un alto el fuego unilateral para facilitar la llegada de ayuda. En Tailandia, ascienden a 17 las víctimas en Bangkok, la mayoría obreros en la construcción de un rascacielos que colapsó en segundos
La devastación que ha dejado en el país el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el viernes el sudeste asiático no ha detenido la guerra civil en Myanmar. El Gobierno de Unidad Nacional (NUG), formado por políticos y activistas prodemocráticos contrarios a la junta militar en el poder, afirma que el Tatmadaw (el ejército) ha reanudado los bombardeos contra algunos pueblos en manos de milicias opositoras. Para afrontar el desastre y facilitar la llegada de ayuda, el NUG ha declarado este domingo un alto el fuego unilateral de dos semanas en las áreas afectadas por el potente temblor ―la junta militar no se ha pronunciado al respecto―. El seísmo es el desastre natural más mortífero que ha azotado a la antigua Birmania en un siglo. El balance de momento asciende al menos a 1.700 muertos, unos 3.400 heridos y 300 desaparecidos, según un comunicado de la junta militar citado por varios medios. La ONU ha alertado esta mañana de que la grave escasez de suministros médicos dificulta la respuesta a la catástrofe.