La vivienda: una alerta roja social
La dificultad del acceso a un hogar, ya sea por compra o en alquiler, es la gran preocupación de los españoles, y de momento está lejos de disiparse. Mientras se acumulan los obstáculos para paliar el problema y la clase política se muestra incapaz de hallar una solución duradera, los sueños de prosperidad de mucha gente se desvanecen


Explicar la falta de vivienda en España es igual que viajar en un avión con la carga adicional de la herencia y la tradición. La falta de un hogar propio arrastra la vida; afecta a la salud mental (ansiedad y depresión) y al anclaje económico (es la principal inversión); influye en la creatividad y el nivel educativo desaparece; también, como recuerda el escritor Sergio del Molino, “un cierto sentido de libertad”, y se “desmoronan las bases que sostienen los proyectos de vida”, avisa Pedro Tomé, experto en Antropología del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y en esta era de inequidad sufren más las mujeres. Ellas mantienen el 61% de las familias monoparentales. “El gran problema es que para atender a su hijo o hijos, la mayoría debe reducir su jornada laboral e ingresar menos, entonces el acceso a la vivienda resulta aún más difícil”, explica Tomé.
La fragilidad de la niñez
La carencia de hogar no solo conduce hacia lo oscuro, sino también a la fragilidad, sobre todo de los más pequeños. Los factores de riesgo de existir bajo un techo ardiendo como el zinc entre chicos de cero a 16 años están relacionados —identifica el catedrático de economía en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), José García Montalvo— con la educación (los traslados de colegio o la dificultad de mantener el contacto con los compañeros), el estrés familiar, la estigmatización o la falta de oportunidades sociales y recreativas. Surge la ansiedad, la carencia de sueño, la depresión. Alguien parece haberlos cercado con alambres de púas: inmigrantes, quienes buscan asilo, refugiados o pequeñas familias con riesgo de exclusión. Cuando cierran los ojos sueñan, al menos, con vivir en un sicomoro que, si lo agita el viento, suena igual que un arpa de hierba.