Los nuevos nostálgicos del franquismo no conocen a Franco
Hay un hilo invisible que une la lectura complaciente de la dictadura con los que opinan que hablar de memoria divide a los españoles
Dado lo que supuso, siempre es oportuno hablar de Franco, pero si atendemos a las encuestas que confirman el giro ultraderechista de la juventud y su creciente pulsión autoritaria, quizás lo sea hoy más que nunca. Quienes nacimos alrededor de los setenta estábamos acostumbrados a que los nostálgicos del dictador se congregaran de manera algo estrafalaria y marginal cada 20 de noviembre; sin embargo, ahora resulta que quienes han engrosado notoriamente sus filas son nuestros hijos. A lo largo de la democracia, siempre hubo un reducto juvenil que coqueteaba con la simbología preconstitucional, ya fuera en colegios y entornos especialmente derechizados o dentro de los grupos ultra de los equipos de fútbol. En esos contextos podíamos seguir identificando a los jóvenes que cantaron brazo en alto el Cara al sol durante la última visita del Papa a Lisboa o incluso a los que querían putodefender a España en la calle de Ferraz el año pasado. Pero cualquiera que entre hoy día en un instituto comprobará que ese pedigrí de nacionalismo español con ribetes franquistas, hasta hace no mucho minoritario, va ganando adeptos a pasos agigantados.