Los sacerdotes del Catatumbo tejen la última red de protección frente a la muerte y el desplazamiento
Una decena de párrocos atiende la emergencia humanitaria, mientras varios obispos y delegados de la iglesia católica intentan mediar entre el ELN y los grupos disidentes de las extintas FARC para frenar la violencia
Las cifras no son suficientes para dimensionar la tragedia. Tras una semana de crisis aguda en el Catatumbo, las autoridades reportan por lo menos 60 muertos y 40.000 personas desplazadas por cuenta de la confrontación armada entre la guerrilla del ELN y grupos disidentes de las extintas FARC. Mientras la población civil abandona sus casas en por lo menos siete municipios de la montañosa región del nororiente de Colombia, en los territorios, explica Jairo López Ramírez, “solo quedan los médicos y los curas”. El párroco encargado de la catedral de Ocaña, la pequeña ciudad que aloja varios miles de desplazados, explica que los sacerdotes celebran la eucaristía los días en que las balas cesan. Dedican el resto de la jornada a atender familias preocupadas por la violencia, a caminar las zonas rurales en busca de cadáveres ante la falta de médicos legistas y tensión forenses, y a conseguir ayudas humanitarias para la población que va quedando.