No tendrás casa y serás feliz
Mi generación no solo está condenada a invertir la mayoría de su salario en pagarse el techo, sino al desarraigo
En Cinco lobitos hay una escena muy bella: la protagonista vuelve a su cuarto de adolescencia con su bebé en brazos. No sabemos lo que piensa al sentarse en su cama modular, uno de esos armatostes de los noventa, pero podemos imaginarlo. Me impactó por la sutileza con la que plasma el paso a la madurez, pero también porque yo no puedo volver al cuarto de mi infancia. Ya no existe. Está ocupado por niños que no conozco, o igual es un trastero.