“Quiero ser tu amigo, pero no tengo tiempo”: cómo la aceleración social y el trabajo impide hacer nuevas amistades
Cuando cada acto está calculado para servir a un fin, creemos que no hay horas para ese vínculo que, ‘a priori’, no sirve más que para reforzarse a sí mismo. Eso sí, la ausencia de amistades también tiene que ver con un proceso natural que se detiene con el final de la juventud

No se habla de amistad a primera vista. Así como el amor a primera vista es un mito muy asentado y, quien más quien menos, todo el mundo ha experimentado uno de esos flechazos (o cree haberlo hecho, después de tantas películas y canciones), casi nadie intuye enseguida si la persona con la que se acaba de cruzar va a convertirse en un buen amigo. Lo más parecido quizá sea esa euforia que provocan algunas coincidencias: en un concierto, en una boda o hasta en una reunión de trabajo conoces a alguien que te parece muy interesante y, antes de que el evento acabe, lo agregas a alguna red social. Aunque la buena impresión haya sido recíproca, raramente volverás a saber de esa persona, más allá de algún like suelto. El grupo de rock Kokoshca lo describe muy bien en su tema La fuerza, centrado en relaciones nocturnas y efímeras: “Amigos como azucarillos / que endulzan la noche / se disuelven después / no los vuelvo a ver”.