Verdad, mentira y mito sobre El Tren de Aragua
La banda nacida en una prisión venezolana se considera una organización criminal potente, pero sin capacidad para ser un problema de seguridad nacional como asegura Donald Trump

La historia de El Tren de Aragua está envuelta en la bruma y se ha prestado a la especulación. Se sabe que fue fundado en algún momento de la década pasada por dos presos que llegaron a mandar más que el director de la prisión venezolana en la que estaban encerrados. Acumularon tanto poder que construyeron en el interior un zoo, un casino y una piscina. Se tienen muy pocos detalles de quiénes eran en realidad ni cómo lograron imponerse a otras bandas y no hay muchas pistas sobre su paradero actual. Sin embargo, hay unos cuantos hechos incontestables. En diez años, la organización criminal se ha expandido por casi todos los países de Latinoamérica y tiene presencia en las principales ciudades de Estados Unidos. Sus miembros han cometido asesinatos y hacen negocios millonarios con el tráfico de drogas, la extorsión, los secuestros y la trata de personas. Por donde pasan generan terror, pero su alcance y su importancia se ha exagerado y se ha utilizado para criminalizar al resto de venezolanos.