Zapatos
Un país no puede caminar en tanto por cíclicos terrores apilemos los zapatos de miles de jóvenes que ya han desaparecido de este mundo descalzados de la posibilidad de andar hacia sus futuros

De los recuerdos más dolorosamente encendidos de la noche y madrugada de Tlatelolco en 1968 está la compartida memoria -retratada en dolor indeleble- de la plaza ensangrentada inundada por cientos si no miles de zapatos sin dueño. Parecía un mar de oleajes de sangre amanecida que se regó con una lluvia cómplice de silencio en tanto militares callados barrían zapatos y zapatitos, tacones y tenis en montículos para la amnesia… o la memoria trágica de esa plaza de las llamadas Tres Culturas: la huella prehispánica de silencio geométrico, la iglesita novohispana que se negó a abrir sus puertas de asilo habiendo sido sede de tanto callado traductor nahuatlato y los modernos edificios de burocracia futurista y vivienda utópica u olímpica… todo como sembradío de zapatos muertos.